Pristina
Una ciudad que no conozco
Una rosa que no he visto
Una mujer que no he visitado
Una emoción que he olvidado
La memoria cubierta de polvo
Cenizo el color de los recuerdos
La piel y la mirada deshabitada de resplandores
Los haces de luz se desvanecen
Fenece la esperanza
A cada paso agitado
Cada bocanada de aire
Lleva una oración
un misterio revisitado
Las cuentas del rosario se acaban
La virgen de los abandonados
las tira cada una entre sus dedos
Las mártires lloran sangre
sobre las telas del tiempo
Los hilos hilvanados
De esas telas de esas lágrimas se tiñen
Y muere el día sobre mantos puestos
en lechos improvisados
Madrugada Que disfruten los que han labrado Los surcos del abecedario Que iluminen los que han contado Los misterios del rosario Los maestros del ábaco Recorren los fractales del universo Habitarán el átomo En cada uno de sus elementos Los escultores del aire tienen alas Componen las partituras de la alborada La condena de amontonar letras Es para los esclavos de la madrugada
Comentarios
Publicar un comentario