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 Pristina

Una ciudad que no conozco
Una rosa que no he visto
Una mujer que no he visitado
Una emoción que he olvidado

La memoria cubierta de polvo
Cenizo el color de los recuerdos
La piel y la mirada deshabitada de resplandores
Los haces de luz se desvanecen

Fenece la esperanza
A cada paso agitado
Cada bocanada de aire
Lleva una oración
  un misterio revisitado

Las cuentas del rosario se acaban
La virgen de los abandonados
  las tira cada una entre sus dedos
Las mártires lloran sangre
  sobre las telas del tiempo

Los hilos hilvanados
De esas telas de esas lágrimas se tiñen
Y muere el día sobre mantos puestos
 en lechos improvisados

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