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Mostrando las entradas de febrero, 2024
  Tres canciones de una banda que ya no existe Cazador Nocturno Sin remordimientos   te he quemado en la soledad Permito recordarte   por tejer unas palabras Con el poco estambre   de tu sombra deshilada Camino entre la gente   como quien buscara Señales de vida,   hilos de luz presos Gris caminante   con la noche en la cara Cargando en la espalda   un costal de pútridos huesos La miel derramada Cuando la carne despierta pasiones Cuando la pupila revela la lujuria Del animal que fue hombre Que para lograr su cometido De sentar la carne en el colmillo Compuso mil versos de lo prohibido Sin dudar le dijo amada A la mujer que al final   en el pelambre de la bestia Dejó escurrir la miel derramada Raquel Harta del monótono-teísmo Del velo negro del domingo De la aparente virtud desembocada en pesimismo Deseó la vida errante del mendigo La espera, el tiempo cuajado en su habitación Congregaron el brillo lunar en su cuerpo Un conjuro la transformó e...
 Pristina Una ciudad que no conozco Una rosa que no he visto Una mujer que no he visitado Una emoción que he olvidado La memoria cubierta de polvo Cenizo el color de los recuerdos La piel y la mirada deshabitada de resplandores Los haces de luz se desvanecen Fenece la esperanza A cada paso agitado Cada bocanada de aire Lleva una oración   un misterio revisitado Las cuentas del rosario se acaban La virgen de los abandonados   las tira cada una entre sus dedos Las mártires lloran sangre   sobre las telas del tiempo Los hilos hilvanados De esas telas de esas lágrimas se tiñen Y muere el día sobre mantos puestos  en lechos improvisados
Alíkē El presente habitaba al cuerpo Los augurios invadían los sueños Partieron los caminos infinitos Ese día del primer encuentro     de tu mirada con la mía El pasado habita el presente Los astros se juntaron al fuego Elíxires compartieron de boca a boca En su embriaguez formaron las montañas A deshoras el anhelo fue fulminado Una ráfaga de fuego quemó el presente Al amanecer fue la cópula Entre el sueño y las seis Y su hijo fue el culto al fuego A las siete los cuerpos en decúbito Frente a la hoguera que aún ardía Bajo el manto de neblina Estaba la laguna, en las faldas de las montañas