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Sentencia de medianoche  Apaguen sus luces, apáguenlas Que sus ojos ya no brillen Dejen que las aguas saladas Cubran las velas de sus corazones Aparten sus deseos de la última luz del día Lleven su cuerpo al negro corazón de las cuevas Deslícense en el filo de la hoja fría Y caigan a la tierra, que los devore
primero fueron los sueños pasadizos de algún palacio en un lugar incierto,   cielos nocturnos con sus estrellas moviéndose, brujas, magos, duendes, la desnudez de la mujer y la luna, el ocaso irrepetible que la memoria no salvará   los sueños invitaban a esa antesala de la realidad, a un mundo sin lógicas rectoras, a veces espejo de la vida, algunas otras oráculos ambiguos   ahí habitan los recuerdos dentro de otros   luego se esfumaron los sueños se desnudaron las noches el cuerpo  tendido a la luz de la luna tembló   llegó la flor fragante a habitar las noches  teñidas por vapores
 El sueño de la estrella fugaz Emerge una luciérnaga de entre las ramas Andando de la montaña al cielo nocturno Se eleva, desciende en estrella fugaz se torna cometa, papalote estrella, de colores su estela andando va iluminado pasa los límites entre la noche y el amanecer adentro al horizonte va y estalla la mañana
       I.    jueves misterioso claroscuros en la                                         habitación sueño débil punzando sincopado el velo del calor sofoca el despertar apagada la música late un silencio                                        desbordado   tengo un recuerdo me oprime el cráneo dolor sutil se desata dormido  vienen olas incesantes de rojo placer y duele estar aquí recostado   no concibo alegorías tibias si existen se van entre las cortinas el ruido del ventilador aviva realidad impide caminar-flotar al otro lado   entre el sueño y las seis persisten los claroscuros se aleja el mar de la mirada  se acerca más el jueves que comprime el rojo al cráneo        II...
Somnia a Deo missa       No puedo recordar el entorno ni los hechos anteriores, sólo vagas reminiscencias de un ambiente puro, fresco, levemente extático, iluminado por un brillo uniforme y sosegante. Me siento rodeado por una nube densa y benévola, clara como las de un cielo sobre el mar en abril. He alcanzado un estado armonioso, la cúspide de mi ser; me sé la quintaesencia de la paz; que mi interior se transforma en algo transparente, que he llegado más allá de mis propios límites de lo que quise ser; que el otro lado ha quedado atrás. El otro lado, el que fue mi afán, plasmado aquí y allá en incontables versos de mi poesía -que es lo único que poseí y ofrecí al mundo-. Me sé arropado por el amor orgánico de la naturaleza. Ahora mismo me entrego, en este estado, en esta cima, al amor que flota en todo el universo. Los sentimientos de armonía suceden, se elevan, son el pleno paroxismo. Tengo el presentimiento de que olvidaré esta lozanía, esta cumbre, y al instante...
 Determinado      terminado          minado              nado              hado                 do
 Proyectos secundarios Cada noche ensayó las palabras El poema nunca era el mismo Destilaba el licor para hacerlo puro Y bastara un solo trago, un sorbo, una gota.    El verso nuevo era un raspado del viejo que se iba al viento en limaduras brillantes La mezcla definitiva fue buena Efectiva Misión cumplida ¿Y todas las cosas que limó y nunca dijo? Eran las más bellas
 La única fotografía A tu gran mirada azul Le basta mirar a lo lejos Para encontrar los secretos De esta corta vida Amansadas las bestias del mundo El mundo se torna fácil Y tú, que has visto los secretos, Te vuelves sabia y grácil Savia del árbol eterno Has recorrido cada torrente Y siempre tu risa se seca desmoronándose como montaña de arena Por ser la palabra más bella No mueres
 ya no lloro el bosque ha crecido hago ramos con mis flores voy a poner una florería siempre habrá muertos siempre habrá enamorados   ya no te lloro el bosque ha muerto hago leña con mis recuerdos voy a poner un panteón siempre habrá nigromantes siempre habrá resucitados  
  Tres canciones de una banda que ya no existe Cazador Nocturno Sin remordimientos   te he quemado en la soledad Permito recordarte   por tejer unas palabras Con el poco estambre   de tu sombra deshilada Camino entre la gente   como quien buscara Señales de vida,   hilos de luz presos Gris caminante   con la noche en la cara Cargando en la espalda   un costal de pútridos huesos La miel derramada Cuando la carne despierta pasiones Cuando la pupila revela la lujuria Del animal que fue hombre Que para lograr su cometido De sentar la carne en el colmillo Compuso mil versos de lo prohibido Sin dudar le dijo amada A la mujer que al final   en el pelambre de la bestia Dejó escurrir la miel derramada Raquel Harta del monótono-teísmo Del velo negro del domingo De la aparente virtud desembocada en pesimismo Deseó la vida errante del mendigo La espera, el tiempo cuajado en su habitación Congregaron el brillo lunar en su cuerpo Un conjuro la transformó e...
 Pristina Una ciudad que no conozco Una rosa que no he visto Una mujer que no he visitado Una emoción que he olvidado La memoria cubierta de polvo Cenizo el color de los recuerdos La piel y la mirada deshabitada de resplandores Los haces de luz se desvanecen Fenece la esperanza A cada paso agitado Cada bocanada de aire Lleva una oración   un misterio revisitado Las cuentas del rosario se acaban La virgen de los abandonados   las tira cada una entre sus dedos Las mártires lloran sangre   sobre las telas del tiempo Los hilos hilvanados De esas telas de esas lágrimas se tiñen Y muere el día sobre mantos puestos  en lechos improvisados
Alíkē El presente habitaba al cuerpo Los augurios invadían los sueños Partieron los caminos infinitos Ese día del primer encuentro     de tu mirada con la mía El pasado habita el presente Los astros se juntaron al fuego Elíxires compartieron de boca a boca En su embriaguez formaron las montañas A deshoras el anhelo fue fulminado Una ráfaga de fuego quemó el presente Al amanecer fue la cópula Entre el sueño y las seis Y su hijo fue el culto al fuego A las siete los cuerpos en decúbito Frente a la hoguera que aún ardía Bajo el manto de neblina Estaba la laguna, en las faldas de las montañas
 Madrugada Que disfruten los que han labrado Los surcos del abecedario Que iluminen los que han contado Los misterios del rosario Los maestros del ábaco Recorren los fractales del universo Habitarán el átomo En cada uno de sus elementos Los escultores del aire tienen alas Componen las partituras de la alborada La condena de amontonar letras Es para los esclavos de la madrugada